lunes, 1 de marzo de 2010

Tormenta de ideas


No sé si es por falta de ideas o porque ninguna me da para rellenar los caracteres necesarios para convertir un post en un artículo decente. La cuestión es que prefiero lanzar una serie de mensajes deslavazados y que cada cual saque sus propias conclusiones. ¿Las mías?. Al final, como siempre.

Me cuentan que existe una iniciativa popular para organizar una huelga/manifestación en contra de la estupidez. El gran problema de los organizadores es que saben muy bien a quiénes invitar a tan magno evento. Conmigo que no cuenten. Les recomiendo que creen un evento en feisbuk para reclutar participantes: Vanessa Gómez asistirá al evento "Manifestación en contra de la estupidez en España".

El otro día, hablando sobre programas de televisión, alguien me preguntó: "¿Y tú que sacas en claro después de ver una tertulia política por la tele?". Me quedé fuera de juego, así que contesté con otra pregunta: "¿Y tú viendo El Hormiguero?". Luego me enteré de que la crema de intelectualidad patria son dos formícidos llamados Trancas y Barrancas.

Otro animal figurado que continúa causando furor entre la población es Hello Kitty. Sus colores, como ya se ha dicho aquí, arrasan en la indumentaria de gran parte de la población civil. Incluso entre las citadas hormigas que, curiosamente, también están hechas en tonos malva.

Sumado todo lo anterior creo que lo verdaderamente moderno es ir a una manifestación convocada por medio de una red social, disfrazado de hormiga de color malva. Puede parecer una estupidez, pero en realidad es el pan nuestro de cada día. La elegancia sigue perdida y tampoco se le espera.

martes, 2 de febrero de 2010

Outlet, rebajas y elegancia


Las rebajas ya no son lo que eran. Ahora ya no hace falta esperar a los periodos legalmente establecidos para comprar a bajo precio o para renovar el maltrecho armario. Maltrecho por no contar con las últimas novedades que dicta el mundo del prêt-à-porter, porque la moda es otra cosa. No nos engañemos. Hoy, que nos movemos en este líquido amniótico de burguesía low cost, podemos afirmar que hay rebajas todo el año gracias a los outlets, factories y demás sucedáneos del precio bajo continuo.

Todos estos establecimientos, entre los que hemos de incluir un número creciente de cadenas de ropa rápida –cada día más rápida-, cumplen de forma impecable una tremenda labor social. Permiten que todos vistamos, por un módico precio, sin desentonar con lo que marcan los cánones de la temporada. La democratización de la moda que le llaman algunos, tan preocupados ellos por la democracia, sobre todo en China.

Además la existencia los outlets y sus parientes nos impiden caer en la más tremenda depresión que supone vivir sin comprar objetos básicamente superfluos. ¿Se imagina el lector la fractura social que provocaría que una parte importante de la población, acostumbrada a consumir desaforadamente, se viese obligada a reducir sus adquisiciones a lo absolutamente imprescindible?. Lo de las pensiones es una anécdota comparado con el efecto en la población de una vida sin compras compulsivas.

Ahora que los tiempos del modelito semanal de marca parecían haber pasado a la historia, hemos vuelto la mirada hacia esos guetos de los que hablábamos despectivamente -a no ser que estuviesen fuera del territorio nacional- hace tan sólo unos meses. Gracias a ellos no tenemos que renunciar al placer mundano de estrenar con la frecuencia acostumbrada.

Sin embargo parece que existe un riesgo de sobrepoblación de outlets. Entre los que existían, los que abren o se transforman y los que se reproducen en Internet, pronto el término outlet sea la norma y haya que señalar los no-outlet para diferenciarlos de las tiendas de descuento. No sé si será mi imaginación, pero últimamente sólo levantan la persiana este tipo de comercios.

Y es que esta crisis en la que estamos instalados empieza a ser preocupante. Mayormente para los que han visto tambalearse sus posibilidades de lucir modelito diariamente en el blog. Aunque hace meses que existen serias sospechas acerca de la excesiva utilización del “si no queda satisfecho le devolvemos su dinero” por parte de la población del estrit estail.

Por tanto, que la crisis no te estropee un buen outfit, ¡corre a los outlets!.

jueves, 14 de enero de 2010

Los mejores y la elegancia


Hace algunos meses me embarcaba yo con fruición en una de esas cadenas de post, seguramente por el rollo cultureta, tan manoseado últimamente, de tratarse de un meme sobre libros. Imperdonable, sin duda. La cuestión es que en esas líneas apuntaba yo la necesidad de obtener un libro descatalogado: De Colón a Bolívar de Salvador de Madariaga. Fruto de diversas casualidades, el volumen cayó en mis manos, en edición de 1955 -escrito en 1941- del Círculo de Lectores. Han pasado cuatro años desde que un amigo, el cual no sé si continuará leyendo estas reflexiones mías, me lo recomendó.

Tanta espera ha merecido la pena. Aunque sea únicamente por esta frase: "España es el único estado en el mundo que entonces como hoy y como siempre se permitía y permite el lujo de tener ociosos a sus mejores hombres." Se refiere Madariaga a la patética existencia que vivió Hernán Cortés una vez regresado de su amada Nueva España (México), miembro de la corte de Carlos V y, aunque acomodado, sin más actividad que la que él mismo se procuraba y sin que el monarca contase con él para nada.

La Historia, esa "tragedia humana", en palabras del propio Madariaga, tampoco ha hecho justicia al gran conquistador. Pocos de de mis propios compatriotas saben que Hernán Cortés conquistó el imperio azteca, que contaba en aquel entonces con más de un millón de habitantes, con unos seiscientos hombres. Una hazaña monumental propia de un gran hombre, cuyo talento fue malogrado por sus contemporáneos.

Madariaga, quizá sintiendo que su propio talento como español de referencia de su época estaba siendo desperdiciado, va más allá de Cortés y señala esa condición nuestra, consistente en condenar al ostracismo a nuestros mejores paisanos, como vigente a mediados del siglo XX. Ya lo dice el sabio refranero popular: "Nadie es profeta en su tierra". Ortega y Gasset, coetáneo de Madariaga, apunta esto mismo señalándolo como envidia. Viene a decir Ortega que los españoles somos incapaces de escuchar a las personas sabias y lo que hacemos, en cuanto tenemos ocasión, es levantar la voz por encima de ellas.

En cualquier caso, este rasgo patrio que nos descubren dos grandes intelectuales del siglo pasado, parece que no ha dejado de tener vigencia en nuestra contaminada sociedad actual. Quizá más que nunca. Miremos a nuestro alrededor y comprobaremos cómo el ámbito público está plagado de seres mediocres, mientras que nuestros "mejores hombres" transitan entre nosotros sin pena ni gloria, cuando no han tenido que emigrar para verse reconocidos, como ocurrió con el investigador sobre el cáncer Mariano Barbacid.

De ahí que los modelos a seguir de nuestra sociedad no sean personas que han logrado con su esfuerzo y talento llegar a lo más alto de sus profesiones. Seguramente porque tampoco son los mejores los que alcanzan las cotas más elevadas. Sino que los que se nos presentan como referentes, son aquellos que han conseguido aprovechar mejor los resortes de esta sociedad para copar estrados oficiales, púlpitos mitineros y platós de televisión. Sin duda los nuevos paradigmas de esto que se viene conociendo como democracia.

Con este campo abonado para la mediocridad, desperdiciamos, como lo hacíamos ya en el siglo XVI, a nuestros más valiosos compatriotas. Siendo así que lo que se está perdiendo no es simplemente el talento de no pocos hombres y mujeres brillantes, sino nuestra capacidad para salir adelante y destacar como nación. Sigamos engrandeciendo a los mediocres y ninguneando a los que pueden destacar por su capacidad y esfuerzo. Estaremos sembrando nuestro propio fracaso como sociedad y como pueblo.