Personajes y elegancia: Sarah Jessica Parker

Me viene llamando poderosamente la atención como Carrie Bradshaw, conocida ahora como Sarah Jessica Parker, o su acrónimo SJP –vendrá la marca de ropa, al tiempo-, se ha convertido en un icono para las mujeres de toda una generación. Me refiero a la mía, que no es la de la propia Carrie -cerca de una década nos distancia-. Todo debe proceder del salto a la fama de SJP gracias a la serie Sex & The City, traducida al español de España como Sexo en Nueva York, papel por el que le otorgaron nada menos que cuatro Globos de Oro.
La persona se ha transfigurado en personaje y el personaje se convertido en persona real. ¿Dónde acaba SJP y dónde comienza Carrie?. Por mucho que se haya resistido SJP no es nadie sin su personaje. Alguna comedia romántica de medio pelo es lo que luce en su currículo desde el final de la serie.
Carrie/Sarah sigue atrayendo poderosamente la atención de cientos de miles de mujeres en el mundo a pesar del cierre televisivo. Esa fealdad disimulada con ropajes y complementos de lujo trae de cabeza a innumerables féminas enamoradas del personaje/actriz. Se agolpan en las filas de los cines para acudir a ver de primerísima mano la película/desfile que acaba de estrenar este icono posmoderno. Esta secuela de la serie transformada en objeto de culto a Carrie/Sarah promete grandes éxitos de taquilla.
Los maridos y novios acudirán junto a sus esposas y novias sin poner reparos, porque secretamente van a contemplar la voluptuosidad de Samantha (Kim Cattrall), que es la que de verdad interesa al género masculino heterosexual. Hago esta observación porque entre el género masculino homosexual la que gusta es Carrie/Sarah, mayormente por sus rasgos cuasi travestidos. A los hombres que estamos fuera del circuito homosexual Carrie/Sarah nos resulta fea, incómoda de contemplar, por mucho que se cambie de modelito, vaya al gimnasio o pase por el quirófano para corregir los rigores de la edad.
Yo imagino que la fascinación femenina por esta señora viene de su capacidad para obviar esta fealdad por medio de esa cosa que llamamos “estilo”, que no es más que vestir acertadamente y la mayoría confunde con vestir caro. Básicamente la cualidad de Carrie/Sarah es esa: usar muchos y variados conjuntos de precio exorbitado. En otras palabras, ¿quién quiere mirar a la cara a una señora feísima que viste con los modelos que salen o saldrán en las revistas de moda?. Mi aplauso y mi admiración por tal logro.
A lo que me rehúso es a aceptar que SJP sea un icono de la elegancia de nuestros tiempos. Aunque de entrada podamos pensar que se trata de una persona con cierta distinción, buen gusto y naturalidad, en realidad no es así. Para mi esta señora viene a representar todo lo que yo vengo denunciando aquí: la moda, el lujo, las marcas, los logos, etc. En realidad no es más que una actriz que está aprovechando sabiamente las debilidades de esta sociedad de consumo en la que nos alberga. Es un icono, sí pero de la feria de vanidades en la que hemos convertido nuestra existencia.
Ahora comprendo la fijación de las treintañeras por Carrie/Sarah. Profesional liberal, presuntamente, deseada por hombres atractivos y poderosos, sin ser tan zorra como Samantha, ni tan puritana como Charlotte (Kristin Davis), ni tan fea como Miranda (Cynthia Nixon); cambia de modelo –todos ellos de reputadísimas marcas- tres veces al día y se exhibe en los más lujosos bares y restaurantes de Manhattan. Todo un modelo de vida. ¿Qué más se puede pedir?.









