martes 7 de julio de 2009

Prohibido prohibir


Poco queda ya de aquel lema inspirado en el verso de Neruda y manoseado hasta la saciedad por los fieros simpatizantes de aquel histórico mayo del 68. Ojo, que digo simpatizantes, porque algunos de los más fervientes devotos de aquel movimiento, resulta que no habían nacido todavía o contaban con apenas ocho años de edad. Como nuestro Presidente del Gobierno, Jose Luis Rodríguez, el cual parece vivir anclado en las paradojas ideológicas de aquellos años convulsos.

Claro que de aquel “prohibido prohibir” cada cual ha hecho de su capa un sayo y ahora lo que pega es el “necesario prohibir”. Pero no prohibir sin criterio, sino prohibir o intentar retirar de la vida pública todo aquello que de alguna forma pueda molestar a los fanáticos sesentayochistas, como digo en su mayoría desconocedores en primera persona de la cosa.

Un ejemplo de esto es el empeño que tienen algunos por abolir los toros, es decir, la denominada fiesta nacional. Una de estas cheerleaders de mayo del 68 y fanática antitaurina es Julia Otero. Periodista licenciada en Filología de reconocido pasado pastando en el pesebre de las televisiones públicas de la cuerda, de la suya vamos. El pasado viernes en Julia en la onda, su programa diario en Onda Cero, esta señora tuvo la desfachatez de montar un debate sobre el tema al que invitó a otra gran seguidora de la archiconocida generación, aunque ella nació en el 74, Espido Freire, así como al pintor y escritor de origen cubano Juan Adriansens y a un catedrático catalán de Historia Contemporánea que se declaró “neutral” respecto a los toros.

La cuestión es que la Otero se sacó de la manga el debate, so pretexto de la recogida de firmas que una asociación catalana ha realizado para proponer al parlamento de esa comunidad que se prohíba la fiesta nacional en su territorio. Estos señores, muy progresistas ellos, han logrado, “atención a la cifra”, dijo la presentadora, 180.000 firmas para solicitar el fin de las corridas de toros en esa comunidad autónoma. Como siempre uno tiene que poner en entredicho los números. Porque resulta que en Cataluña hay unos 7,5 millones de habitantes (5,4 millones de votantes), es decir, que los firmantes –o prohibientes- no son más del 2,4 por ciento de la población (3,3 por ciento de los votantes). En otras palabras, sí, atención, porque resulta que una paupérrima minoría firma en un papel y se siente con autoridad para prohibir algo al resto de los mortales.

A lo largo del debate, la moderadora, absolutamente entregada a la causa prohibitoria, llegó a decir que los toros ya no gustan al personal y da un dato. Entre la población de menos de 25 años, evidentemente el tramo de edad menos partidario de la fiesta, las corridas interesan a menos de un 18 por ciento de los encuestados. Trasladándolo a Cataluña la cifra de los firmantes palidece aún más: estaríamos hablando de unos 972.000 votantes, sin tener en cuenta que no se ofreció a los oyentes la encuesta completa (aquí pueden verse datos de una) y que podemos apostar a que los otros segmentos de votantes son más aficionados a la fiesta.

Los datos son lo de menos, porque suelen ser maleables, flexibles y se pueden interpretar a gusto del consumidor, amén de resultar insignificantes cuando hablamos de libertades y prohibiciones. ¿A qué porcentaje de la población le interesa el silvestrismo, que es la afición por meter a un jilguero en una jaula y esperar que cante?, ¿y la caza mayor?, ¿y la pesca con mosca?. Seguramente los porcentajes podrían alcanzar al de los catalanes firmantes en pos de la prohibición de los toros. Por eso mejor no hablemos de números, sino de las ganas de prohibir todo aquello que nos suena a pasado, incluidos los chiringuitos de playa.

Este afán abolicionista, cuando no es un acto de revanchismo, es un claro síntoma de la incapacidad de nuestra sociedad para convivir si no es por medio de un sistema férreo de coerción. Toda vez que hemos dado por admitida nuestra incapacidad para educar en el respeto, en la convivencia y en unas normas de urbanidad que nos permitan tener una sociedad mejor, nos hemos lanzado a prohibir, a castigar, a judicializar la vida al fin y al cabo. En otras palabras, lo que tanto odiaban los del “prohibido prohibir” parece ser su única receta para construir una sociedad. Mejor atarse los machos.

miércoles 1 de julio de 2009

Zelaya, Chávez y la democracia de ida y vuelta


Considero absolutamente condenables los métodos antidemocráticos empleados para usurpar la Presidencia del Gobierno de Honduras a Manuel Zelaya. Creo que hasta ahí la comunidad internacional de forma abrumadora está de acuerdo. Ahora bien, igualmente me parece un poco precipitada y poco ajustada a la realidad la respuesta de esa misma comunidad internacional ante el nombramiento de un nuevo Gobierno en Honduras. Me explico.

De entrada, aunque estoy convencido de que la legislación hondureña puede iniciar un proceso de destitución presidencial sin necesidad de que medien las armas, parece evidente que Zelaya estaba, como se dice popularmente, jugando con fuego. La convocatoria de una consulta popular, al más puro estilo chavista, para prolongar su mandato no contaba con el respaldo constitucional necesario. Sin embargo, contraviniendo el rechazo de los demás poderes del estado de derecho, el depuesto gobernante se empeñó en poner en marcha un proceso electoral absolutamente ilegal al que luego, desbancado y en suelo costarricense, denominó “encuesta”.

Si nos retrotraemos un poco más en el tiempo, vemos que esta “encuesta” ha sido el desencadenante de una continuada actuación política poco acorde con esa democracia que ahora pretende abanderar Zelaya y sus compinches bolivarianos. Recordemos que Manuel Zelaya es elegido para gobernar su país como candidato del Partido Liberal de Honduras (PLH). Hasta donde me alcanza el entendimiento, lo de “liberal” casa bastante mal con el socialismo hacia el que giró repentinamente este personaje. Para que lo entiendan mejor les diré que el PLH se afilia a la Internacional Liberal, a la cual pertenece Convergencia Democrática de Cataluña, por ejemplo.

Esto nos lleva a certificar el profundo rechazo popular que Manuel Zelaya venía cosechando, principalmente entre sus votantes los cuales, a todas luces, se sentían engañados. La misma aversión que parece sentir un importante número de hondureños hacia una posible vuelta del desbancado líder.

En este sentido, no estaría de más que, como advierto al principio de estas líneas, la comunidad internacional se tome un poco más en serio este asunto y consulte a los innumerables diplomáticos destacados en Honduras, cuál es la realidad del apoyo popular hacia el nuevo Gobierno instaurado tras el golpe. Porque pudiera ser que un regreso fallido de Zelaya, resultase mucho más peligroso que esta transición que va a vivir Honduras a lo largo de los próximos meses. Recordemos que, a día de hoy, no se ha producido ni una sola baja humana por causa de este incidente, de acuerdo con lo que nos vienen reportando puntualmente las agencias internacionales que operan en el país.

No podemos decir lo mismo del episodio que hace menos de un mes se vivió en Irán. Parece ser que aquí la comunidad internacional, salvando las diferencias, ha preferido guardar silencio ante la sangrienta represión contra los civiles que se han manifestado contra el pucherazo electoral. El cual, por cierto, el propio régimen iraní ha reconocido pero ha menospreciado, para gran regocijo de los que ahora, en el caso de Honduras, se rasgan las vestiduras y pretenden dar lecciones de democracia.

Con este panorama, se me antoja que esto de la “democracia” es un término que empieza a estar al vaivén de los intereses del momento. Sobre todo para aquellos políticos de comprobado pasado golpista y contrastada vocación dictatorial, a cuyo rebufo no ha dudado en situarse Manuel Zelaya, desafortunadamente para el pueblo hondureño que es el que está pagando las consecuencias.

lunes 29 de junio de 2009

Rescatando a la banca "más solvente del mundo"


Desde hace tiempo viene fraguándose la constatación de que la banca española necesita ayudas públicas para solventar la crisis financiera. Eso o quebrar, que es lo que hacen las empresas normales de las que nadie se preocupa, seguramente porque sus consejos de administración no están llenos de políticos, como los de las cajas de ahorros, o de influyentes financieros, tan amigos del gobierno de turno.

Para empezar vamos a poner en perspectiva el denominado Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB) que acaba de aprobar el Gobierno de España. Sí, el de los anuncios de televisión, prensa y radio. Este fondo está dotado con 90.000 millones de euros, a los que habríamos de sumar los 13.000 que ya se han invertido en el plan de compra de activos que se puso en marcha a finales de 2008. En total unos 100.000 millones de euros, 140.000 millones de dólares. Si comparamos este plan con aquel que tan rimbombantemente se aprobó en los EE UU por 700.000 millones de dólares, considerando que la economía española es unas 13 veces más pequeña que la norteamericana, resulta que las ayudas a la banca en España ascenderían a 1,8 billones de dólares. En otras palabras, que proporcionalmente la banca española tiene un plan de rescate 2,6 veces más grande que el norteamericano.

Esto tiene que hacernos dudar de aquellas grandilocuentes afirmaciones de Rodríguez Zapatero sentenciando que la banca española era “de las más solventes del mundo”, realizadas en plena crisis de los mercados financieros mundiales. Y es que el caso de la banca española es muy diferente al de la banca de los grandes países industrializados.

Hay que tener presente que la banca alemana, francesa, inglesa u holandesa, por ejemplo, han sido en los últimos años prestamistas de la banca española. En otras palabras, mientras que los bancos –principalmente- alemanes se dedicaban a captar fondos de sus ahorradores, aquí la banca lo que hacía era tomar esos ahorros y prestarlos. ¿Para qué?, pues fundamentalmente para dar préstamos al sector inmobiliario. Un dato: en 2007 de todo el dinero que prestaba la banca española, sólo el 40 por ciento procedía del ahorro interno, el resto eran los ahorros de media Europa.

De este hecho se derivan dos circunstancias. La primera es que las crisis de los activos contaminados estadounidenses, sobrevenidas en agosto de 2007 y 2008- casi no han afectado a la banca española, toda vez que ésta lo que hacía era recibir dinero, no colocarlo. En segundo lugar, la crisis del sistema financiero español se fragua precisamente porque ahora la banca española tiene que devolver todo lo que le han prestado los bancos internacionales para financiar el “ladrillo”. En otras palabras, aquí la crisis financiera se ha desarrollado más tarde, toda vez que el crédito internacional se ha detenido en seco y los bancos españoles están muy endeudados exteriormente. Ahora hay que devolver los créditos y las entidades financieras españolas no tienen cómo hacerlo.

Este plan de ayudas al sector, viene precisamente a intentar mitigar el efecto que pueda tener en el sistema que algunas entidades, al no poder hacer frente a sus deudas, entren en quiebra. Lo cual, si le ocurre a la tienda de ropa de la esquina o a la constructora de mi primo, es lo más normal del mundo en una economía de mercado. Pero si le sucede a una caja de ahorros con su plana mayor plagada de ex ministros, ex diputados y ex consejeros autonómicos, resulta que es una debacle que tenemos que evitar a golpe de deuda pública. Suma y sigue.

miércoles 24 de junio de 2009

Verano, pantalones pirata y elegancia


Llega el verano y con él esa manía del despelote físico y moral a la sombra de la canícula. Que haga calor algunos, muchos, lo confunden con poder ir enseñando vergüenzas o con la posibilidad de ascender a los altares ese confuso término que es la comodidad, tan alejada de la elegancia.

El personal no entiende que las calles de Madrid, Granada, Valencia o Ciudad Real no son ese idílico destino al que algunos, muchos, se trasladan al son de la oferta y al dictado de la revista dominical de turno. No, estimado lector, Madrid no es la Rivera Maya y Ciudad Real no es Guanacaste. Tampoco el aeropuerto de El Prat son los fiordos noruegos, como ya se ha dicho aquí antes.

Pero llega el verano e inexorablemente sale del armario el pantalón pirata, la chancla de piel y la bandolera, zurrón, morral, buchaca o como quiera llamársele a ese adminículo que cuelga cruzado del hombro de la masa masculina. Si se le pregunta al interfecto usuario seguro que te cuenta las ventajas de llevar semejante horterada. Que si es muy cómodo para llevar el móvil, que si puedes meter el ipod –la mayoría de estos no han visto uno es su puñetera vida, sino que llevan algún reproductor de esos que regalan con una caja de galletas en el supermercado- y las más peregrinas razones para justificar lo injustificable. Y me voy a explicar.

En primer lugar, para colgar el móvil ya existen unas funditas diseñadas al efecto que se cuelgan del cinturón. No, no es que yo sea partidario de su uso, pero si es por comodidad, de sobra cumplen el cometido y, en vista de lo poco que le importa al usuario del zurrón la elegancia, a todas luces parece que la fundita estilo revólver es la opción ideal para el móvil. En segundo lugar, porque la buchaca tiene sus predecesores que por orden cronológico son la mariconera y la riñonera. La primera se descartó por las nuevas generaciones toda vez que ya su nombre era excesivamente peyorativo, sin hablar de su poco predicamento entre los colectivos sociales de diverso espectro.

Quizá sea la riñonera el más firme precursor del bolsito cruzado masculino. Así que, en realidad, este pretendidamente moderno accesorio no es más que una versión remozada de la riñonera “Montajes Alcázar”, que tanto furor causó hace apenas una década. En otras palabras una ordinariez que muchos negarán haber usado dentro de unos años.

Sin embargo, el paroxismo se alcanza cuando observamos el pantalón pirata del usuario de la riñonera versión 2.0. Se trata de una prenda llena de bolsillos la más puro estilo Coronel Tapioca, o más bien Quechua, dado que este tipo de personal rehúye de lugares tan pijos como el primero. Y aquí llega la pregunta clave: con todos los bolsillos y departamentos que tienen los pantalones pirata, tan necesarios por otra parte para completar el total look garrulo solidario, ¿para que narices necesitan el morral?.

domingo 21 de junio de 2009

Porqué hay que subir los impuestos (versión autonómica)


Esta mañana he acudido a dejar a mi hijo en el colegio. Se trata de unos estupendos barracones prefabricados que se inauguraron oficialmente el pasado 29 de septiembre, dando así respuesta a la elevada demanda de plazas de atención socio-educativa de nuestra localidad. Concretamente dan cobertura a 174 niños, de acuerdo con los datos que se obtienen del Observatorio Andaluz de la Infancia (OAI), dependiente de la Fundación Andaluza de Servicios Sociales (FASS), perteneciente a su vez a la Consejería para la Igualdad y Bienestar Social.

La cuestión es que después he acompañado a mi madre al hospital para que le practicasen una ecografía, cita que le otorgaron a mediados de enero. Una vez en el centro sanitario, he tenido la oportunidad de ojear algunos de los anuncios colgados en el tablón de anuncios. Así, he descubierto el tremendo esfuerzo que realiza el Servicio Andaluz de Salud (SAS) por medio del Banco de Prácticas Innovadoras (BPI) para la integración socio- sanitaria. Se trata del servicio llamado Teletraducción Simultánea dentro del Programa Salud Responde, consistente en traducir telefónicamente en tiempo real y en 46 idiomas diferentes las consultas médicas. De este modo, cualquier inmigrante que hable, por ejemplo, mandinga, suniki o bambara puede tener la perceptiva asistencia socio-sanitaria universal en su lengua materna.

Una vez terminado el trámite hospitalario con mi madre, comprobé que uno de los anuncios de las vallas publicitarias instaladas frente al centro era claramente ofensivo hacia las mujeres. De este modo me dispuse a llamar a mi amigo Pedro, delegado provincial del Observatorio Andaluz de la Publicidad no Sexista (OAPNS), dependiente del Instituto Andaluz de la Mujer (IAM). Desafortunadamente Pedro ya no trabaja en el OAPNS, sino que acaba de ser nombrado director gerente del Laboratorio Andaluz de Inteligencia Turística (LAIT), volviendo así a sus orígenes en el campo turístico, dado que anteriormente fue responsable de calidad de la Escuela Oficial de Turismo de Andalucía (EOTA). En cualquier caso he podido poner mi denuncia en la página web del OAPNS.

De vuelta a casa he pasado por la sede de la Fundación Euroárabe de Altos Estudios (FUNDEA) para informarme sobre el próximo Encuentro sobre la construcción de la memoria común desde el discurso periodístico. Allí he coincidido con Antonio, que es director del Centro Andaluz de Flamenco (CAF), perteneciente la Agencia Andaluza para el Desarrollo del Flamenco (AADF), el cual estaba buscando nuevos proyectos para encuadrarlos en el Programa de Ayudas a la Promoción de Festivales Flamencos de Pequeño y Mediano Formato (PAPFFPMF).

Ni corto ni perezoso, Antonio me ha invitado a conocer de primera mano su interesante labor social en pro de la divulgación cultural de carácter popular. Hemos estado en la zona del Sacromonte en su coche oficial y después de tomarnos un aperitivo en una tasca, hemos almorzado en un restaurante típico. Entre plato y plato, Antonio me ha confesado que él en donde estaba a gusto era en la Empresa Pública de Gestión de Programas Culturales (EPGPC), desde la cual podía realizar una labor socio-cultural de mucho más calado.

Una vez en casa, después de recoger a mi hijo de las magníficas aulas prefabricadas, a cuyas puertas me dejó el chofer de Antonio, aún bajo el efecto de los gin-tonics de rigor, caí en la cuenta de la incertidumbre que rodea a todo cargo público en estos tiempos que corren. De ahí que, una vez más, defienda con vigor la subida de impuestos que se ha producido hace hoy una semana y las que faltan por llegar, que llegarán, no le quepa duda al amable lector.

Por cierto, he llamado a mi madre y ya le han dado cita en el especialista para ver los resultados de la ecografía. Será el 23 de octubre.


Advertencia: Cualquier parecido con la realidad continúa siendo coincidencia.

miércoles 17 de junio de 2009

Porqué hay que subir los impuestos


Ayer tuve que ir a realizar una gestión a una de las dependencias administrativas municipales. Ahora se llaman Oficinas de Atención Integral al Ciudadano (OAIC) y tienen su propio logotipo, acorde con el resto de la imagen corporativa del ayuntamiento. Entrando por la puerta de la OAIC, me encontré a un antiguo compañero del colegio, Luis. Tras los preceptivos saludos, me explicó que ahora es director de la Agencia Municipal de la Energía (AME) y me invitó a pasar a su despacho, el cual acaba de terminar compartiendo espacio, por el momento, con la OAIC.

Recordamos los viejos tiempos mientras su secretaria nos traía un café recién hecho en la nespresso que tienen en la AME. Sonó su teléfono y era Lidia, la gerente del Instituto Municipal del Libro (IML), que lo convocaba para una reunión este mismo jueves para ultimar los detalles del diseño del nuevo edificio administrativo en el que se instalarían algunos de los servicios del consistorio, incluidos la AME y el IML. Como Luis conoce mi interés por la arquitectura, me mostró unos bocetos del futuro edificio. Diseñado por un conocido arquitecto sevillano, el cual últimamente se inclina por el alabastro en las fachadas, material de gran versatilidad y excelente calidad/precio, como el lector sabrá, combinaba un estilo contemporáneo con ciertos toques de racionalismo. Por supuesto, me deshice en alabanzas, como no puede ser de otro modo, y le pregunté por el presupuesto. “Unos 30 millones, aunque todavía no está cerrado, no vaya a ser que nos pasé como a la Gerencia Municipal de Urbanismo (GMU), que empezó por 25 y ya va por 30. Aunque el contratista le ha parado la obra porque no llegan a un acuerdo sobre los cambios adicionales”, me confirmó mi antiguo compañero.

Llegado el momento de la despedida, una hora y media después, a Luis le pareció procedente invitarme a la presentación de la nueva campaña publicitaria que lanzaba la AME sobre ahorro energético. “Vente luego, Paco, es a la una en el salón de actos del Observatorio del Medio Ambiente Urbano (OMAU). Luego habrá un cóctel y así echamos un rato y conoces a algunos compañeros”.

Dada mi situación de desempleado, creí que la invitación valía la pena para ampliar mi círculo de posibilidades en la búsqueda de un trabajo, así que me presenté a la una en el edificio del OMAU. Luis no había llegado aún. Un poco desubicado, me puse a ojear un tablón de anuncios en el que se hacía referencia a las actividades del OMAU y de otros organismos dependientes del ayuntamiento. Como urbanista me resultó de lo más interesante, aunque no menos llamativo me pareció no haber oído nunca hablar de aquel Observatorio.

Poco a poco el acto se fue animando con la llegada de gente, en su mayor parte en coches oficiales y con su correspondiente chófer. Luis, mi amigo de la infancia, llegó acompañado de una joven muy bien vestida a la que me presentó enseguida. Se trataba de Laura, directora de la Empresa Municipal de Deportes y Eventos (EMDE), la cual me explicó que había estado trabajando en el Centro Municipal de Empresas (CME), encargado de apoyar las iniciativas empresariales incipientes por medio de asesoramiento, ayudas y subvenciones. Laura me comentó que la campaña que iba a presentar la AME que dirige Luis era buenísima, “se la ha encargado a la misma agencia que hizo el Festival Internacional de Teatro de Marionetas, que fue todo un éxito”.

Tras el acto formal, llegó el cóctel de rigor y allí conocí, entre otros, al gerente la Fundación Deportiva Municipal (FDM), a la directora de la Escuela de Seguridad Pública (ESPAM), al responsable de la Escuela Municipal de Ciudadanía y Convivencia y al director adjunto del Museo Interactivo de la Música. Durante el relajado almuerzo que siguió al evento, al que Luis me invitó junto a varios de sus colegas, en un céntrico restaurante, tuvimos ocasión de departir acerca de la importancia de sus competencias en el ámbito de la administración pública. Así como de analizar la tremenda labor social que estaban desarrollando, a pesar de los duros recortes presupuestarios a los que se ven sometidos por mor de la maldita crisis.

Cuando llegué a casa, después de unos cuantos gin-tonics, caí en la cuenta de lo importantes que son los impuestos para la sociedad. La subida del viernes pasado está más que justificada.

Advertencia: Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.

lunes 15 de junio de 2009

Los derechos y la elegancia


Imagino que el amable lector habrá comprobado como, de un tiempo a esta parte, a los ciudadanos nos bombardean en los medios de comunicación masiva anunciándonos una gran cantidad de nuevos derechos adquiridos. Desde el derecho a comprar en un supermercado mejor, hasta el de usar unas gafas de marca. Algunos son más limitados, como el del increíble champú que nos permite atraer a los individuos del sexo contrario como si de moscas se tratase, pero otros no se andan con zarandajas y nos exponen claramente eso de “porque tienes derecho a una vida mejor”. Previo pago, eso sí.

Casi todos estos nuevos derechos tienen esa desventaja: que hay que pagar por ellos. Porque en realidad todos estos derechos no son más que opciones del libre mercado, los cuales ya existían sin que ningún artista famoso tenga que concedérnoslos graciosamente. Otros ni pagando se pueden conseguir. Como esa agencia de viajes que nos da derecho a tener vacaciones, por una módica cantidad, claro está, pero resulta que el jefe no nos otorga más días libres. Rizando el rizo encontramos derechos que se nos conceden de forma encadenada. “Porque tienes derecho a una vivienda a tu medida”, pero ¿y a la hipoteca?. De eso mejor no hablamos, ese es otro negociado.

Imagino que los expertos en publicidad han encontrado aquí todo un filón y a mi me da la espina de que el mismo es producto de esta ilusión de sociedad que nos alberga. Una ilusión que consiste en hacernos creer que nuestros derechos son ilimitados y las obligaciones nulas. Los políticos han contribuido mucho a todo este fenómeno. Nos hablan de derechos por aquí y por allá, haciéndonos creer que no tenemos obligaciones. Pero a poco que nos fijemos un poco veremos que, en realidad, son más las cargas que los beneficios.

Tenemos que pagar impuestos sin excepción. Estamos obligados a inscribirnos en los registros oficiales, a no ser que queramos dejar de disfrutar de ninguno de los servicios públicos, los cuales también nos dicen que son derechos. Aunque, hablando de estos servicios, resulta que sobre ellos no tenemos ningún derecho más allá que el de tomarlos o dejarlos. ¿Se puede elegir libremente el colegio de nuestros hijos?, ¿podemos elegir el médico que queremos que nos atienda?. La respuesta a estos dos interrogantes, por ejemplo, es afirmativa, pero no va más allá de un kilómetro a la redonda y si uno se sale de él lo tienen que pagar, es decir, pagarlo doble.

Para corregir lo limitado de nuestros derechos reales –y no me refiero a los que se inscriben en el registro de la propiedad- parecen haberse creado esos otros derechos de quita y pon. Estos supuestos derechos de corto recorrido que no van más allá de la libertad de elección de la marca de dentífrico, o de la posibilidad de algunos colectivos para saltarse a la torera hasta la patria potestad.