
Los que me han leído algo a lo largo de estos años, sabrán que yo me siento republicano. Simplificándolo todo, creo que los ciudadanos tenemos derecho a elegir libremente quién es nuestro jefe de estado. Nada más y nada menos. Además, por complicar un poco la cosa, pienso que debe respetarse el papel histórico jugado por Juan Carlos de Borbón y dejar que el hombre reine hasta que él lo considere oportuno. A partir de ahí elecciones.
Imagino que a muchos, esta declaración de intenciones mía les ha sorprendido, dado que uno es “reformista liberal”, es decir de derechas pero a la izquierda del eje Losantos-Aguirre, y esto de ser republicano suena muy a izquierdista. No me extraña y de eso quiero hablarles.
Este fin de semana en no pocas localidades españolas se ha celebrado el “Día de la República”. Al más puro estilo del mitin-fiesta carrillista, aquellos eventos que tantos bolos generaron para la familia San José Cuesta, conocidos popularmente como Víctor Manuel y Ana Belén, pero con más fiesta que mitin y, mayoritariamente, patrocinados con el dinero de los impuestos.
En el caso del municipio en el que vivo, tan excelso evento se desarrolló en el paseo marítimo. Día soleado aunque ventoso pero propio para el solaz de la familia a la orilla del mar. Allí se encontraban los republicanos oficiales con su escenario y su barra –libre, por cierto-. No eran más de treinta. Uniformados ellos con barba más o menos descuidada, ellas con pendiente en la nariz. La kufiya imprescindible y unisex.
Al calimocho público lo acompañaban algunas viandas que no logré distinguir en mi fugaz paso por el cónclave. Ondeaban dos banderas con franja morada y escudo al uso. ¡Qué importante es la simbología en esta España mía, esta España nuestra!. Los carteles de Izquierda Unida pedían la firma a fieles y transeúntes “por el empleo”. Como si por firmar en una hoja le estuviera uno dando trabajo a los que engrosan las listas del paro. Una firma, un puesto de trabajo.
Una pareja de músicos amenizaba el mitin-fiesta. No, no eran los San José Cuesta, que esos ya por menos de 60.000 euros no se levantan por la mañana. Éxitos de ayer y de siempre que encontraron su punto álgido en la interpretación de Comandante Ché Guevara, del inefable Silvio Rodríguez, que algunos bailaron al estilo pasodoble. Tampoco faltaban las camisetas con la estampa del líder guerrillero. Y yo me pregunto, ¿qué tiene que ver el Ché con la república española?.
Simbología de una tribu a la que yo pertenezco sin ser parte de ella, dado que lo de “republicano” no es más que una excusa, un vil subterfugio para todos estos vividores trasnochados. ¿Por qué se llaman “republicanos” cuando lo que quieren decir es “comunistas”?. Será que al colectivo en cuestión también le llegan las modas y ahora, además de usar la kufiya y el pendiente en la ceja, le gusta autodenominarse “republicano”. Porque lo de “comunista” está demodé.


