viernes, 8 de agosto de 2008

La ecología y la elegancia


No, no voy a realizar una disertación acerca de lo poco elegantes que son esos individuos que se autoproclaman “ecologistas” y van vestidos de camuflaje declarando a los cuatro vientos lo amantes de la naturaleza que son. Tanto es así que se visten de cazadores. Curiosa paradoja. Tampoco voy a extenderme hablando de lo maltratada que está la Madre Tierra, o Pachamama que decían los quechuas, tribu andina que, por cierto, da nombre a una conocida marca de reconocido prestigio entre el ecologismo militante.

De lo que yo quiero escribir es, como no, de la doble moral que impera en todo esto de la ecología. Una moda como otra cualquiera aunque quizá esta albergue algún tipo de beneficio para la Humanidad. Como toda moda impone modelos y genera un halo de falsa elegancia entre sus seguidores. Porque los que siguen esta moda no son sólo los que se identifican a pies juntillas el arquetipo del romántico fumador de marihuana orgánica, sino que, en mayor o menor medida, casi todo el mundo comulga con esto de la ecología.

Los que más creen, de puertas para fuera, claro está, en la importancia de la conciencia ecológica del personal son los que han hecho de ello una profesión, generalmente bastante lucrativa. El ejemplo más claro es el del mundialmente conocido “perdedor más exitoso del planeta", es decir, Al Gore. Este señor con su video de ciencia ficción, sus conferencias y sus libros sobre el cambio climático ingresó la nada despreciable cifra de 70 millones de euros. Su preocupación por salvar al planeta es tan importante para el resto de los mortales que él siempre viaja en avión privado, como cuando le entregaron el premio Príncipe de Asturias y dejó 20 toneladas de CO2 en el espacio aéreo, todo un síntoma de su “compromiso con el medio ambiente”.

En los EE UU, país que siempre lleva la ventaja en todo este tipo de grandes preocupaciones globales, lo ecológico hace furor y no escatiman en gastos para hacer que sus ciudadanos tomen conciencia con el ambiente. Así, en los baños de hoteles uno encuentra unos folletos muy bonitos, con muchas fotos y realizados en papel reciclado -¡faltaría más!- en los que nos advierten de lo mucho que podemos ayudar a la Madre Naturaleza si usamos dos veces la misma toalla o si apagamos las luces al salir de la habitación. Imagino que poco o nada tiene que ver el ahorro en gastos que este tipo de acciones tienen para los afanados administradores hoteleros, siempre proclives a minimizar los impactos "ambientales" de su operación.

Luego por la mañana uno va al bufé de desayuno y ve el despliegue de alimentos con el que los ecológicos huéspedes, los mismos que se secan dos veces con la misma toalla y apagan la luz –nunca el aire acondicionado- al salir, se llenan los platos dos o tres veces dejando sin consumir más de la mitad de lo que se sirven. Del mismo modo los camareros le sirven a uno el café en una suerte de baldes de medio litro de cabida y proceden a su puntual relleno cada cinco minutos. A la hora de comer y beber la ecología queda en un segundo plano.

Curiosamente ahora han sacado una campaña publicitaria, muy laureada por cierto, para crear conciencia acerca del consumo, se llama “Use only what you need”. Evidentemente la campaña va acompañada de todo tipo de material publicitario: vallas, folletos, sitio web e incluso un curioso montaje urbano compuesto por un muro de bidones metálicos vacíos y pintados de amarillo en el centro de Denver con el eslogan citado, amén del correspondiente material promocional: camisetas, gorras, pegatinas, etc. Sin duda todo de gran utilidad para el ser humano .

En el restaurante de enfrente del monumento al ahorro el trozo de carne más pequeño era de 12 onzas, unos 350 gramos, ni que decir tiene que el relleno de bebida carbonatada era gratis. ¿En qué quedamos?.

Resulta pasmoso ver cómo una sociedad basada llevar a la masa todo tipo de comodidades, en poner la cantidad por encima de la calidad y en la búsqueda de nuevas fuentes para la satisfacción personal de los individuos por medio del consumo, dedica tantos esfuerzos –y recursos- a la prédica de lo contrario. Por algo lo he bautizado "El Imperio del Mal Gusto".

7 comentarios:

Dorn dijo...

Completamente de acuerdo, no se requiere de estrategias publicitarias, ni impresión en volumen para cuidar nuestro planeta, simplemente hacer lo propio y ya. Doble crimen cometen aquellos que con todo eso llenan sus bolsillos, es como lucrar con un planeta agonizante y un niño con cáncer.

lola dijo...

Trato de mantener un equilibrio entre lo que pienso y lo que hago, ahí incluyo mis medidas ecologistas.
Pero tienes razón, muchas veces esto de "salvar el planeta" no es más que una moda a la que se apunta cualquiera que desea destacar en un momento determinado, y si puede sacar algun provecho particular, mejor aún.
Saludos!

Alejandrina Cara de Gallina dijo...

Siempre me haces pensar en algo que no habia considerado o que no queria ver...
Gracias

Gonsaulo Magno dijo...

Siempre me ha parecido que la mitad de los proclamados ecologistas tienen más de hipócritas (o tal de simples ingénuos) que de los primero.

El mensaje que habría que transmitir, me temo, es que ahorrar es mejor que reciclar; que ha de usarse justamente lo necesario, y quue una vez usado esto, ha de procurar hacerlo de la manera más limpia; pero no a la inversa.

Me temo que es un problema de prioridades.

Un abrazo, y espero que todo siga bien!

Maria Afonso Sancho dijo...

Caro Paco
Gostei muito do que escreveu e de como descreve todos os enganos que nos vendem como se fossem "ecológicos".
Um abraço
Maria

Raquel dijo...

bueno, yo que voy a decir que tu no sepas? estoy harta de criticar en mi blog todo eso que denuncias

Pakithor dijo...

Dorn,

Esto de las tendencias ecológicas abre una puerta infinita para aprovecharse. No hay más que ver como todo gira en torno al mismo tema: libros ecológicos, construcción ecológica, moda ecológica...

Lola,

Yo intento ser consciente con el medioambiente, pero sin grandes aspavientos.

Alejandrina,

Gracias a ti y me alegro de que te ayude a pensar lo que escribo.

Gonsaulo,

Reciclar es mucho más difícil que ahorrar, pero si todos nuestros esfuerzos van dirigidos a extender las comodidades, el ahorro se me antoja imposible.

María,

Obrigado. Lamento no poder contestarte en portugués.

Raquel,

Claro que tus críticas siempre son mucho más finas que las mías, aunque no por ello menos irónicas.

Gracias a todos.