martes, 29 de marzo de 2011

La mediocridad y la elegancia


En las líneas que preceden a estas reflexionaba acerca de lo que representan los complejos para la vida en sociedad. Existe otra vertiente sobre este particular que no puedo dejar de lado. Se trata de lo que generan, mayormente, los complejos para el individuo que los sufre en primera persona: mediocridad.

Yo nunca he escuchado a nadie afirmar que es una persona mediocre. Aseveramos ser unos jugadores de golf mediocres, unos blogueros mediocres o unos cocineros mediocres; pero jamás individuos mediocres. La realidad es que todos conocemos gente mediocre. El motivo, como diría el filósofo americano Emerson, es que “todo hombre es sincero a solas, la hipocresía se manifiesta en cuanto aparece una segunda persona”.

Dicho de forma clara y concisa, la mediocridad está extendida y aceptada en el fuero interno de gran parte de los seres que nos rodean. Por mucho que la inmensa mayoría de los mediocres se empeñen en ocultarlo.

Por eso la mediocridad es enemiga íntima de la elegancia. Porque el mediocre busca el respaldo de la manada y el cobijo de la aceptación ajena. El ser elegante, por el contrario, no necesita de la continua aprobación del resto de los mortales. Es por eso que los complejos son el fundamento de la mediocridad.

Existen dos tipos básicos de mediocres: los que actúan como mediocres y los mediocres que se sienten “especiales”. Esto es, los que intentan disimular su mediocridad refugiándose, por ejemplo, en alguna afición que ellos creen envidiada por el resto de los mortales. Así vemos hordas de mediocres “especiales” aficionados a la moda de extrarradio, la literatura coreana, el cine pakistaní o los sistemas operativos de código abierto, excepto Linux, inhabilitado por su evidente popularidad o su falta de rareza.

El mediocre que oficia como tal no tiene ese tipo de problemas, dado que transita por el mundo sin tomar demasiado en cuenta su hándicap. No obstante, sus complejos le obligan a tener una vida mediocre, al no ser capaz de desenvolverse con normalidad ante la vida y asume que es lo que merece o le tiene reservado el destino.

Pero la mediocridad tiene alguna que otra ventaja. Porque si en esta vida hay algo que une más que el odio es precisamente la mediocridad. Los mediocres son así. Dios los cría y ellos se juntan. Es el resentimiento social el que les permite hacerse fuertes junto al resto de los de su categoría. Ese es el único momento en el que el mediocre se rebela, no contra su condición, sino contra la sociedad a la que él mismo ha entronizado.

Mientras los mediocres “especiales” intentan acceder a la normalidad acercándose al resto de la población con ínfulas de seres tocados por alguna especie de mano divina. Hablan más de la cuenta siempre que la conversación les pueda permitir destacar. Pero en el fondo los complejos siguen ahí y, al final del día, acaban despotricando con la fiel compañía de algún mediocre irredento.
Otra ventaja del mediocre es que su condición no es irresoluble. La mediocridad, parafraseando a algún que otro sabio contemporáneo, es una actitud. De modo que sólo hay que superar los complejos para abandonar la senda de la mediocridad.

11 comentarios:

gratis total dijo...

que pena, que pena,España está llena...

Kutusov dijo...

Querido Pakithor:
me has dejado rascándome la coronilla sin saber que decir. Yo que he sido un mediocre "especial" y he dejado esa senda para asumir sin más mi mediocridad ¿dónde me coloco? Creo que lo mejor es sentarme con la legión de mediocres silentes que nos rodean y pensar en romper la mediocridad circundante. Pro seo¿no me volverá a convertir en un mediocre descollante? Eso no tiene solución. Un fuerte abrazo.

lola santana dijo...

Creo que el 99% de los seres humanos somos mediocres, los fuera de serie abundan poco, Madame Curie, Gandhi, Sta. Teresa, fueron excepcionales, la mayoría hacemos lo que podemos.
Lola
P.D. firmo con el otro nick, por vagancia más que nada.
Saludos,

Miss Gwilt dijo...

No estoy de acuerdo con Lola. Cuántos seres excepcionales -en potencia o en acto- habrá en este mundo que desconozcamos. Y cuántos que conocemos nos deslumbran con un detalle que hasta entonces habíamos pasado por alto, por pequeño que sea.
Curie, Gandhi o Santa Teresa sentían pasión por lo que hacían.
La pasión anula la mediocridad y no es privativa de unos pocos elegidos.

Claro, que yo no la siento por la literatura coreana ni el cine pakistaní. Una lástima, la verdad.

Pakithor dijo...

Hola a todos,
Yo soy de la opinión de la señorita Gwilt. En realidad la mayoría de los que me rodean son gente bastante normal. No se sienten mediocres, ni actúan como mediocres. Aunque quizá es que uno procura rodearse de ese tipo de personas.
Lola, no ser un fuera de serie no significa ser mediocre.
Muchas gracias por vuestros comentarios.

Dean CóRnito dijo...

Parafraseando a gratis total:

Qué pena, qué pena, Costa Rica está llena...

viveldetalle dijo...

Genial, Miss Gwilt!

Eva dijo...

Hola Paco,

A mi los que me gustan son los mediocres felices. Los mediocres felices van por la vida dando saltitos al verse muy lejos de los magníficos. Un día, de repente, se topan con tu artículo, reflexionan ( o por lo menos lo intentan) y se sienen estúpidos. Se dan cuenta de que son unos mediocres corrientes pero les da lo mismo.

Un abrazo grande.

Pakithor dijo...

Hola Eva,
¡Qué alegría verte por aquí de nuevo!.
Sí, esos son los mejores... sin complejos.
No te pierdas.

Consultant dijo...

Desde mi punto de vista, la mediocridad es, sin duda, uno de los enemigos destacables de la elegancia. Por definición, el mediocre es alguien de poco mérito, tirando a malo. Supongo que de alguna forma el pequeño toque de vanidad que podamos atesorar celosamente cada uno de nosotros se alegra de vivir rodeados de mediocridad, porque eso facilita el destacar sobre la media. Aunque claro, planteémonos qué mérito tiene realmente destacar sobre una media tan baja...

Un afectuoso saludo, amigo Pakithor.

antonio dijo...

No soy sociólogo pero soy algo aficionado. Casi estoy deacuerdo. ¿Mediocre? Puede aceptarse, ¿Elegante? Puede aceptarse. Pero después de tener much@s amig@s en distintas esferas y clases sociales con lo que en algo puedo contribuir a este post es que la clasificación de una persona hacia otra es sinónimo de envidia(peor incluso que el odio que antes se citó) ya ¿Que necesidad tiene una persona mediocre de clasificar a otra? ... ¿Y una fuere de serie? respuesta: ninguna necesidad o miedo.

Cuando una persona no sabe/puede realizarse personalmente tiene 2 caminos:

1º) La mediocridad ( infravalorada )
2º) La envidía ( alimentarse de otra persona, [perverso moral- Marie Hirigoyen])

Es más, cuando dicha persona haya decidido y haya logrado cierta realización aparecerá alguien declarando que aquella persona que se considera mediocre es un conformista y demás perlas relativas, y así sucesivamente, alimentando esta estupidez/moda social de etiquetar.


- Pon etiquetas y pronto verás que bonitas serán las tuyas.