
Si miramos a nuestro alrededor, o leemos unas cuantas de las últimas entradas de este blog, caeremos en la cuenta de lo complejo que vamos haciendo este mundo en el que vivimos. No sé si a mayor complejidad más elegancia. A mi la verdad es que las grandes complicaciones relojeras nunca me apasionaron, aunque parecen ser el no-va-más de la elegancia en lo que a marcadores de tiempo se refiere.
Como observábamos con el vocabulario, todo ser ha complicado un poco a la hora de querer definir las cosas. Hay que dar una vuelta de tuerca para decir lo que se quiere sin que parezca exactamente lo que se dice. “He pasado las vacaciones en un resort estupendo en una isla y estaba todo el día en el spa dándome masajes de vinoterapia”, comenta alguien por ahí, sin el menor atisbo de ridículo. Se ve que decir "he veraneado en Marbella" ya no es tan glamuroso.
Lo mismo ocurre con la oleada prohibicionista que nos asola. Toda la vida hemos tenido playas, luego llegaron las banderas de colores, los socorristas, las motos de agua y unos carteles enormes en la entrada de la playa que nos anuncia lo que se puede hacer y lo que no. Si se incumple por ejemplo con el mandato de respetar el color de la bandera, en algunos lugares incluso imponen una multa. Rizando el rizo.
Con Belén Esteban veíamos otro ejemplo de lo compleja que se ha vuelto nuestra existencia. Varias decenas de personas viven de exponer públicamente su vida o de opinar sobre la de otros como ellos. Cientos aspiran a ganarse así el sustento. Ahora ya no sientan cátedra los sesudos expertos en cuestiones tan lejanas como economía, física o medicina, sino los adelantados comentaristas de la vida semipública de un sector cada vez más numeroso de población. ¿No es enrevesado?.
Ahora que nos vamos, o hemos vuelto, de disfrutar de unos días alejados del mundanal ruido de la rutina –algunos buscan complejas aventuras de verano quizá para no tener que pensar, sólo gastar adrenalina- quizá lo mejor que podamos hacer sea reflexionar un poco acerca de todo esto, o de aquello de más allá, si el lector lo estima más oportuno. Porque este tiempo de soslayo, de veraneo, en definitiva, puede ser un excelente momento para mirar con otros ojos todo aquello que vemos a diario y ni siquiera nos atrevemos a poner en duda.
A lo mejor ha llegado el momento de que nos olvidemos de todas estas complicaciones y busquemos la elegancia a través de la sencillez, que no es más que un puñado de principios –o valores, como ustedes quieran-, de los cuales nos hemos apartado siguiendo una estela difusa que no nos lleva a ningún sitio. Puede ser que tengamos que volver la vista atrás para ver con nitidez hacia delante y comprobar que son el sentido común, la libertad y la responsabilidad los únicos faros que necesitamos entre tanto ruido de fondo, tanta grande complication y tanto cantamañanas con un micrófono delante. Habrá que darle vueltas al tema.

