
Poco queda ya de aquel lema inspirado en el verso de Neruda y manoseado hasta la saciedad por los fieros simpatizantes de aquel histórico mayo del 68. Ojo, que digo simpatizantes, porque algunos de los más fervientes devotos de aquel movimiento, resulta que no habían nacido todavía o contaban con apenas ocho años de edad. Como nuestro Presidente del Gobierno, Jose Luis Rodríguez, el cual parece vivir anclado en las paradojas ideológicas de aquellos años convulsos.
Claro que de aquel “prohibido prohibir” cada cual ha hecho de su capa un sayo y ahora lo que pega es el “necesario prohibir”. Pero no prohibir sin criterio, sino prohibir o intentar retirar de la vida pública todo aquello que de alguna forma pueda molestar a los fanáticos sesentayochistas, como digo en su mayoría desconocedores en primera persona de la cosa.
Un ejemplo de esto es el empeño que tienen algunos por abolir los toros, es decir, la denominada fiesta nacional. Una de estas cheerleaders de mayo del 68 y fanática antitaurina es Julia Otero. Periodista licenciada en Filología de reconocido pasado pastando en el pesebre de las televisiones públicas de la cuerda, de la suya vamos. El pasado viernes en Julia en la onda, su programa diario en Onda Cero, esta señora tuvo la desfachatez de montar un debate sobre el tema al que invitó a otra gran seguidora de la archiconocida generación, aunque ella nació en el 74, Espido Freire, así como al pintor y escritor de origen cubano Juan Adriansens y a un catedrático catalán de Historia Contemporánea que se declaró “neutral” respecto a los toros.
La cuestión es que la Otero se sacó de la manga el debate, so pretexto de la recogida de firmas que una asociación catalana ha realizado para proponer al parlamento de esa comunidad que se prohíba la fiesta nacional en su territorio. Estos señores, muy progresistas ellos, han logrado, “atención a la cifra”, dijo la presentadora, 180.000 firmas para solicitar el fin de las corridas de toros en esa comunidad autónoma. Como siempre uno tiene que poner en entredicho los números. Porque resulta que en Cataluña hay unos 7,5 millones de habitantes (5,4 millones de votantes), es decir, que los firmantes –o prohibientes- no son más del 2,4 por ciento de la población (3,3 por ciento de los votantes). En otras palabras, sí, atención, porque resulta que una paupérrima minoría firma en un papel y se siente con autoridad para prohibir algo al resto de los mortales.
A lo largo del debate, la moderadora, absolutamente entregada a la causa prohibitoria, llegó a decir que los toros ya no gustan al personal y da un dato. Entre la población de menos de 25 años, evidentemente el tramo de edad menos partidario de la fiesta, las corridas interesan a menos de un 18 por ciento de los encuestados. Trasladándolo a Cataluña la cifra de los firmantes palidece aún más: estaríamos hablando de unos 972.000 votantes, sin tener en cuenta que no se ofreció a los oyentes la encuesta completa (aquí pueden verse datos de una) y que podemos apostar a que los otros segmentos de votantes son más aficionados a la fiesta.
Los datos son lo de menos, porque suelen ser maleables, flexibles y se pueden interpretar a gusto del consumidor, amén de resultar insignificantes cuando hablamos de libertades y prohibiciones. ¿A qué porcentaje de la población le interesa el silvestrismo, que es la afición por meter a un jilguero en una jaula y esperar que cante?, ¿y la caza mayor?, ¿y la pesca con mosca?. Seguramente los porcentajes podrían alcanzar al de los catalanes firmantes en pos de la prohibición de los toros. Por eso mejor no hablemos de números, sino de las ganas de prohibir todo aquello que nos suena a pasado, incluidos los chiringuitos de playa.
Este afán abolicionista, cuando no es un acto de revanchismo, es un claro síntoma de la incapacidad de nuestra sociedad para convivir si no es por medio de un sistema férreo de coerción. Toda vez que hemos dado por admitida nuestra incapacidad para educar en el respeto, en la convivencia y en unas normas de urbanidad que nos permitan tener una sociedad mejor, nos hemos lanzado a prohibir, a castigar, a judicializar la vida al fin y al cabo. En otras palabras, lo que tanto odiaban los del “prohibido prohibir” parece ser su única receta para construir una sociedad. Mejor atarse los machos.

19 comentarios:
¿No será qué ya no saben como lanzar cortinas de humo para que no veamos otras cosas...?
Un saludo.
Hola Paco, no soy partidaria de los toros, tampoco tengo animalitos enjaulados.
Y por favor no me digas que como carne, que no es lo mismo martirizar a un animal, que matarlo para comer.
Yo prohibiría los presos de conciencia en Cuba, claro ¿cómo prohibir algo que según el régimen Castrista no existe?
Saludos,
No te preocupes Pakithor, mientras el mundo del toro sea un negocio rentable, no tiene nada que temer. Además historicamente muchos de los oligarcas patrios encabezados por los Borbones han ido a la plaza de toros para que la plebe les rinda pleitesia.
Yo no soy aficionado a los toros pero tampoco estoy en contra. Lo que más me gusta de estos animales son los buenos platos de estofado de rabo de toro que me he comido y que me quedan por degustar.
Me gustan los toros, las corridas no, pero si los abanicos y los claveles y las palmas y la sombra y los pañuelos y nuestras tradiciones ( las catalanas también).
Claro que pensando lo de las firmas ,imagínate que fácil convertirte de repente en un ser mas moderno, mas tolerante, mas libre... y solo por firmar una prohibición!
Yo por si acaso no firmo que nunca se sabe, ay.
Saludos.
Creo que Pakithor ha puesto el dedo en la llaga, y el comentario de Lola, si no lo he entendido mal, viene a demostrarlo.
Una cosa es lo que a uno le guste o deje de gustar, y otra es ponerse a legislar y a prohibir, mediante la fuerza del estado y por consiguiente, con el dinero de todos, lo que hacen otros con gustos distintos a los nuestros.
En otros países como Reino Unido sin esta tradición, han prohibido su retransmisión por TV, desconozco si la práctica también. Pero ya de partida con esta costumbre arraigada, prohibir por que sí una forma de vida, me parece un abuso intolerable.
Por otro lado, llamar maltrato a los Toros, sinceramente, no le veo el sentido por ningún lado. No es para mi un espectáculo agradable en algunos casos, pero llamar maltrato a poner un animal de más de 400 kilos que no existiría si no fuera por esta tradición, delante de una persona solo con una capa... no sé. Es un combate entre un animal y una persona, un espectáculo que puede que a algunos les guste y a otros no. Mientras no me hagan pagar a mi, me da exactamente igual. No me gustan los toros, ni el boxeo y últimamente, ni el fútbol, ni otras muchas cosas por las que procuro ni prestar atención. Pero no se me ocurriría prohibirlas. Y si se trata de altruismo y preocuparse por los demás, hay muchos otros objetivos más importantes en los que fijarse.
Saludos
Hola Nacho,
En realidad no sé si esto de prohibir a son y sin tron es para lanzar cortinas de humo o va con el paquete completo, paquete comansi, de estos señores.
Saludos para ti y gracias por el comentario.
Hola Lola,
Yo sé que no es lo mismo criar a un animal apiñado junto a millones de sus congéneres, darle de comer por un tubo y ponerle una luz durante 24 horas al día para que crezca rápido y matarlo mediante una descarga eléctrica, que criar a un toro de lidia en semi-libertad, en una dehesa de 600 hectáreas, comiendo pasto y pienso cuando quiere, cuidado por empleados especializados y veterinarios, para finalmente morir en un ruedo después de haber peleado con toda su bravura y su casta -el que la tiene- después de 20 minutos de pelea. No es lo mismo, la verdad es que no.
En realidad los presos políticos en Cuba son víctimas de los que luego se dan puñetazos en el pecho por la democracia en Honduras. Paradojas de la vida.
Gracias por tus líneas.
Estimado Ruffian,
La realeza, los jueces estrella, los ex-ministros cazadores, numerosísimos diputados, etc, etc. Afortunadamente y aunque les pese a algunos, el negocio parece ser próspero.
A mi también me encanta el rabo de toro, aunque la Espido Freire dijo el otro día, cuando no tenía más argumentos, que tiene muchas hormonas. ¡Pues que no coma carne de toro, pero que nos deje en paz a los demás!.
Gracias por tu comentario.
Hola Eva,
Tiempo sin verte por aquí, ¿no?. Pues efectivamente, resulta que esto de los toros es casi más catalán que andaluz, según dicen algunos que saben de esto más que yo.
Los toros son algo que se lleva en la sangre y comprendo a los que, como tú, veis más la tradición y el folclore que el propio arte taurino.
Gracias por volver.
Mi estimado Lino,
Eso es. Prohibir por falta de afinidad, pues tampoco. Pero los toros son un símbolo para estos progresistas trasnochados que confunden la fiesta con Franco y el chiringuito con la escopeta nacional. Así nos luce el pelo.
Sobre el fútbol no estoy de acuerdo contigo. Este ha sido un gran año de fútbol, pero a lo mejor no del color que a ti te gusta.
Gracias por tus líneas.
uy que tarde llego a la tertulia
solo diré que espido freire escribe unos pastiches que hacen indigna la sola mención de su nombre en este blog
jajaja que perro eres, te lo digo con cariño. Procuro comer poca carne y la de pollo que sea de corral, no sabe igual que la otra.
Yo conoci a Laura Espido Freire cuando estudiaba en Vitoria. Nada relevante, ni para lo bueno, ni para lo malo. Una chica tímida aunque podía estar intimidada por nosotros, conocidos de su mejor amiga.
Luego pasa el tiempo y te enteras que se gana la vida escribiendo libros.
Raquel,
Ya ves, así es la vida, el que tiene padrino se bautiza. Seguiremos buscando padrino, no queda más remedio.
Lola,
Es que me lo has puesto muy fácil.
Ruffian,
Pues la amiga Freire se nos ha crecido, ahora no hay quien le tosa.
Gracias por seguir alimentando este blog.
Bueno Pakithor, no creo que toque hablar de fútbol, ahora, pero si que voy a explicar algo de mi descontento por el este ¿deporte?
Efectivamente, no han sido mis colores los que han triunfado este año, pero no es este el motivo. Afortunadamente, no me es necesario salir de mi ciudad para disfrutar de buen fútbol, para el que no hace falta ganar ligas ni copas de europa. Hay altibajos, pero como en cualquier otro sitio.
De hecho, uno de los años en los que más a gusto disfruté del fútbol, fue cuando el equipo de mi ciudad bajó a 2ª división, ya que aquí no tenemos el privilegio de que justo ese año aumenten el nº de equipos en la 1º competición, para que así no baje nadie, como ha sucedido al menos en un par de ocasiones siendo beneficiados equipos como ni más ni menos que el Real Madrid.
Ese año pude disfrutar de una competición sin grandes aspavientos presupuestarios y sin conflictos deportivos en los que hay involucrados grandes intereseses, políticos, económicos y nacionalistas. Fútbol de verdad. Profesionales esforzándose por su equipo, sin estrellas prepotentes ni «gálacticas».
Por eso que, cuando no sean privilegiados los de siempre (no me refiero únicamente a errores arbitrales ni sus compensaciones), los amigos de el Buitre y compañía, ahora con cargos en la FEF, o cuando el presidente del Comité Nacional de Árbitros (o la organización pertinente) no diga con toda la desfachatez del mundo que no es necesario establecer criterios de calidad y sanciones a los árbitros, o cuándo no haya distinciones entre los clubes y todos o ninguno, sean SAD; entonces puede que me vuelva a interesar este espectáculo deportivo.
Saludos cordiales
A mi no me gustan los toros, nada, , tampoco me gustan los pantalones a media pierna que llevan algunos en verano, ni me gusta que quieran convertir por demaagogia el dia del orgullo gay en fiesta nacional, tampoco me gusta Cayetanita guillen Cuervo ni la frente de Leire Pajin..pero de ahi a prohibirlos...
Un beso Paco, me voy hasta Septiembre..
Paco, a mi los toros y los chiringuitos me suenan a España, mas que a pasado, ¿será que a ellos tambien?
Hola Lino,
Ahora me aclaras mucho mejor lo del fútbol que me tenía un poco desconcertado.
Amiga Sol,
No te pierdas y no dejes de darte una vuelta para visitar a los amigos.
Hola Bea,
Pues depende de lo que entendamos por España, aunque chiringuitos hay por todos lados y sus usuarios votan indistintamente. Los toros parece que pronto serán una costumbre francesa, que es el país en el que ahora viven su particular auge. Manda...
Hace años que no voy a los toros y no soy un gran aficionado, pero como en casi todo, me opongo a las prohibiciones estúpidas que recortan las libertades por poco que sea el recorte. Me opongo a que se prohíba fumar, beber o comer carne, besarse en público aunque no me guste, etc.
Ya me has dado el Domingo, Pakithor, con lo tranquilo que estaba...
Un fuerte abrazo
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