
No hay más que darse un paseo por un puñado de blogs -de los denominados de “moda”, claro está- para visualizar un buen número de modelitos de personas particulares que nos cuentan qué ropa lucen, dónde la han comprado e incluso cuánto les ha costado la composición –al más puro estilo mastercard-. Estos reportajes caseros se han popularizado extraordinariamente bajo la denominación anglosajona “outfit”. Mucho más adecuado que el castizo “modelito”, dado lo cosmopolita del término “outfit”.
Lo que casi nunca tiene cabida en estos modelos es ese mundo que hay detrás de un outfit. El “backstage” que diría cualquier fashionista irredento. Aunque a lo que yo me refiero no sólo se encuentra oculto entre la maleza de la falda/pantalón y top de turno, generalmente al socaire de unos pies estudiadamente desbalanceados hacia el centro de la figura –siempre me he preguntado el porqué de la pose-. No me refiero tampoco a aquel invento de post en cadena: “Vacía tu bolso y enséñalo en Internet", que tanto recelo de cercanía me produjo.
A lo que yo vengo a referirme es a este nuevo término que debería imponerse entre la bloguería fashionista imperante: el “infit”. En el infit se muestran tanto elementos que forman parte de las entretelas del modelito –el backstage, insisto-, como otros que son más visibles, pero nunca tienen el privilegio de ser protagonistas en el outfit al uso.
Verbigracia el ejemplo que les traigo. Personal e intransferible:
Gafas: Ralph Lauren.
Gemelos: Comprados en una tienda de Jeremyn Street (no recuerdo el nombre).
Ballenas: Hackett.
Libro: Biografía de Adolf Loos, Fnac.
Reloj: IWC, modelo Portofino automatic.
Teléfono: Nokia, modelo 5100.
Billetes: Banco Central de Costa Rica.
Como puede apreciarse es un cuadro ideal de lo que puede ser una mesita de noche, en el momento previo a la ceremonia diaria y matutina de engalanamiento o una vez finalizada la tendente a cambiar el atuendo. El infit refleja algo más que un modelito conseguido en la tienda de ropa rápida del momento. Se trata de una puerta abierta al universo fascinante del backstage de la persona. Una revelación personalísima y última de lo que se cuece detrás, no ya del outfit, sino de la percha que habitualmente es lo que interesa.
Tengo puestas grandes esperanzas en el infit, no sólo como término de moda, sino que, una vez eclosionado, se adueñe de los miles de post sobre el intrincado mundo del estilo se escriben a diario.


